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opinión

El Partido “Sociaelite” de Chile

AGENCIA UNO.

Lamentable y vergonzosa es la situación que está pasando el Partido Socialista o “sociaelite” de Chile. Con pesar vemos como muchos militantes del Partido Socialista se decepcionan de sus cúpulas y de los falsos discursos sobre la igualdad y el fin del neoliberalismo (sin titubear, como buenos actores profesionales desde Santiago).

Da vergüenza porque respetamos, sabemos y no podemos dejar de reconocer que muchos militantes de base del PS han sido por décadas fieles y consecuentes a sus líneas políticas. Por ejemplo, a muchos les costó la vida en la oscura época de la dictadura cívico militar, mientras que otros “compañeros” se fueron auto exiliados para luego volver a acaudillarse a cargos de representación.

Historias de sangre que al parecer las cúpulas pasan por alto, cegados por rentabilidades que les dejan empresas como SQM y concesionarias de autopistas, entre otras.

El PS o más bien dicho las cúpulas de éste, han sacado un comunicado de similares características por su liviandad al emitido por Sebastián Piñera en torno a sus negocios con EXALMAR.

Hay que recalcar que el problema aquí no es de legalidad, pues la ley se está cumpliendo en ambos casos, pero hay que mencionar que la ley es muy pobre y deja muchos vacios y espacios a interpretaciones en favor de los cuestionados.

Favor no sorprenderse de lo pobre de las leyes que regulan las relaciones de dinero y política; recordar que fueron redactadas por las mismas “elites” que ahora están siendo cuestionadas y sería ilógico que impulsaran leyes que les ponga una soga al cuello.

Desde el Frente Amplio nos preocupa y rechazamos tajantemente que estas prácticas se sigan repitiendo, justificando y naturalizando desde la Nueva Mayoría y Chile Vamos sin tener sanciones reales. Ni judiciales ni políticas.

Estas prácticas enlodan el trabajo de todos quienes creemos que la política se debe ejercer de forma honesta y transparente, a la par con la ciudadanía y no convocándoles cada cuatro años.

Nosotros nos planteamos desde la vereda constructiva, que colectivamente quiere demostrar con hechos que desde la desilusión y malestar puede emerger una política vinculante desde los territorios donde convivimos y no desde Santiago.

Hay que hacer política, nueva política, dejando atrás la vieja y sus contradicciones ideológicas, cuestionamientos legales y judiciales en la que se ven envueltos cada ciertos días.

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