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Hermosas, inteligentes y manipuladoras: Las “mujeres fatales” del cine

Cultura

Hermosas, inteligentes y manipuladoras: Las “mujeres fatales” del cine

Hollywood las transformó en seres maquiavélicos que toman decisiones extremas para concretar ambiciosos planes. Los hombres se convierten en títeres en manos de estas hermosas, seductoras y manipuladoras damas.


“Kitty” en “Perversidad”, “Cora” en “El cartero siempre llama dos veces” y Catherine Tramell en “Bajos instintos”, son ejemplos de estas sensuales y terribles féminas.   

El concepto de mujer fatal viene del francés “femme fatale”, porque se aseguraba que las mujeres más liberales y atrevidas del mundo eran las provenientes del país galo, especialmente las de París de inicios del siglo XX.

En el cine son más que mujeres de armas tomar o emancipadas social y públicamente. Se trata de féminas independientes, seguras y decididas; ellas son el epicentro de relatos con sorprendentes giros de guion, generalmente ligadas al cine negro o noir norteamericano.

Hollywood las transformó en seres malévolos y maquiavélicos que toman decisiones extremas para concretar sus ambiciosos planes. Por su parte los hombres se convierten en títeres en manos de estas hermosas, seductoras y manipuladoras damas.

Larga lista

Existe una larga lista de “mujeres fatales” en el cine, sin embargo, a mi juicio una de las más emblemáticas es la bella, malévola y sarcástica “Kitty”, Joan Benett, en “Scarlet Street” o “Perversidad” (1945) del director austriaco Fritz Lang.

Ella junto a su violento novio se aprovechan de la ingenuidad y pasión por la pintura de un cajero infelizmente casado, Edward G. Robinson, quien se vuelve ciego de amor por “Kitty” y le consiente todos sus caprichos que lo llevará al abismo.

Joan Benett y Edward G. Robinson en “Perversidad” de Fritz Lang

Scarlett O´Hara, Vivien Leigh, en “Lo que el viento se llevó” (1939), es otra manipuladora que coquetea con los hombres y los utiliza para su conveniencia, aunque suspira por uno a quien no puede tener. Aquí la moraleja es clara, aunque seas la mujer más hermosa del mundo no puedes tenerlo todo en la vida.

En “Gilda” (1946) Rita Hayworth derrocha belleza y sensualidad por los poros, los hombres le temen y desean. Ella encabeza el triángulo de ambiguos personajes junto a George Macready, Ballin Mundson, propietario de un casino, y Glenn Ford, Johnny Farrell, un aventurero que vive de hacer trampas en el juego.

Gilda, antigua novia de Farrell a quien terminó odiando, ahora es la esposa del Sr. Mundson, un extraño hombre de negocios y dueño de un casino en Buenos Aires.

Johnny se convierte en el hombre de confianza y mano derecha de Mundson, quien le ordena a éste vigilar a la escurridiza y libertina pelirroja, quien sale con otros hombres para causarle problemas a Farrel.

La actriz Rita Hayworth se roba la pantalla en “Gilda”

La esplendorosa Lana Turner, “Cora”, en “El cartero siempre llama dos veces” (1946), está infelizmente casada con un hombre mayor propietario de un bar de carretera, lugar donde llega a trabajar el trotamundos Frank Chambers, John Garfield. Muy luego Frank y Cora se sentirán  muy atraídos.

La rubia platinada, vestida de blanco como un ángel, es tan bella como perversa y recurre a sus encantos para escapar de la esclavitud del matrimonio al cual se embarcó para dejar atrás su turbio pasado. Un filme con una atmósfera de sensualidad, fatalidad y autodestrucción pocas veces visto, un clásico imperdible.

John Garfield y Lana Turner en una escena de “El cartero siempre llama dos veces”

Douglas     

Más ejemplos de “mujeres fatales” se pueden observar en cintas protagonizadas por Michael Douglas, quien encarna personajes manipulados como marionetas por las féminas de turno.

En “Atracción fatal” (1987) Alex Forrest, Gleen Close, es una seductora y sexy mujer quien irrumpe en la vida de un hombre casado, Douglas, a quien el costo del sexo le pasará factura de manera extrema y demencial.

En “Bajos instintos” (1992) la atractiva escritora de novelas de crímenes Catherine Tramell, Sharon Stone, es novia de un rockero que es brutalmente asesinado en su cama.

El agente Nick Curran, Douglas, quien finaliza un tratamiento para dejar sus adicciones al alcohol y drogas, es el encargado en vigilar a la escritora, principal sospechosa del alevoso asesinato.

Tramell utilizará su belleza y sexualidad en forma perversa para manipular al policía quien tiene perdida la brújula de su vida. Interesante manejo del suspenso que me recuerda algunos filmes de Alfred Hitchcock.

Por Andrés Forcelledo Parada

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